domingo, 15 de enero de 2017

El Supremo niega a la CGT el derecho al patrimonio que Franco expolió a la CNT


El tribunal avala el argumento según el que «no es heredera de la CNT» de los años 30, con el que el Gobierno de Zapatero le negó la posibilidad de recuperar parte del enorme botín que la dictadura hizo con las propiedades de la central anarcosindicalista

PÚBLICO
10/01/2017

La CGT «no es heredera de la CNT» de los años 30. El Tribunal Supremo ha cortocircuitado la posibilidad de que la Confederación General del Trabajo pueda recuperar una parte del patrimonio que el franquismo expolió tras la guerra civil a la Confederación Nacional del Trabajo al avalar la resolución en la que, con ese argumento, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ya le negó el acceso en 2007.

La Sala Tercera del Supremo ha rechazado el recurso en el que 151 entidades y federaciones agrupadas en CGT le solicitaban que revocara el acuerdo por el que el Consejo de Ministros rechazó el 20 de abril de 2007 sus alegaciones contra la resolución por la que el Gobierno había resuelto, el 24 de noviembre de 2006, las solicitudes de reintegración y de compensación por el patrimonio sindical incautado por la dictadura. La sentencia cierra uno de los flecos de la peculiar relación que, entre rumores de reunificación nunca confirmados, mantienen las organizaciones anarcosindicalistas tras la escisión de 1979.

Entonces, los sectores de la militancia cenetista favorables a participar en las elecciones sindicales y en los órganos de representación laboral se escindieron en lo que más tarde sería la CGT, mientras la CNT histórica, partidaria de otras formas de acción sindical, mantiene su rechazo a esas vías. Esa escisión dio lugar a un pleito por la denominación oficial que el Supremo cerró en 1989, y el Constitucional zanjó tres años después, al otorgar la titularidad de las históricas siglas anarcosindicalistas a la central que entonces lideraba Vicente Villanueva.

Las siglas y los derechos

Sin embargo, una cosa era la asignación de las siglas y otra las aspiraciones para recuperar el enorme patrimonio que el franquismo intervino tras la guerra civil a la central anarcosindicalista, que en 1936 era, con más de un millón y medio de afiliados, el principal sindicato del país junto con UGT.

Tres décadas después de que el Estado regulara por ley la devolución de ese expolio, cuyo incumplimiento han constatado tribunales como la Audiencia de Zaragoza, CNT, que valora en unos 90 millones de euros los edificios incautados, sólo ha podido recuperar 16 inmuebles cuyo valor apenas suma 1,5 millones, muy inferior al asignado a organizaciones inexistentes en 1939 como el sindicato CCOO y algunas patronales.

Las federaciones de CGT sostenían en su demanda «que a fecha 13 de septiembre de 1936 y hasta 1989 estaban o son ahora sucesoras de ellas confederadas en la Confederación Nacional de Trabajo (CNT)». Sin embargo, el Supremo recoge los argumentos de la Abogacía del Estado, la UGT y la propia Confederación Nacional del Trabajo y avala la «interpretación jurídica» en la que el Gobierno central sostiene que «la CGT, como organización, no es titular de ningún derecho sobre el patrimonio sindical histórico que en su día hubiera pertenecido a la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), ya que no es heredera de la CNT».

No obstante, algún indicio apunta a que la batalla jurídica puede continuar, ya que la CGT sostiene que el Gobierno le causó «una grave indefensión de relevancia constituciona al obligarle a identificar los bienes que reclamaba en lugar de pronunciarse sobre su derecho a recuperarlos y, después, abrir un expediente para determinar cuáles le correspondían.

Más dificultades para los cenetistas

Por otro lado, el Supremo ratifica en la sentencia una doctrina que dificulta la recuperación del patrimonio expoliado por parte de la propia CNT: «Son las organizaciones sindicales, y no los entes de carácter sindical afiliados o asociados a ellas, las titulares de los derechos de reintegro y de compensación».

Es decir, que solo las centrales aunque se trate de organizaciones federales y sus sucesoras tienen personalidad jurídica para reclamar el patrimonio expoliado por el franquismo, tesis que impidió hace unos meses que la Federación Local Obrera de Sindicatos de La Coruña de CNT pudiera recuperar un céntrico edificio y la imprenta sindical de esa ciudad gallega.

Se da la particularidad de que la Federación Local Obrera de La Coruña, antecesora de la actual y propietaria de esas fincas desde 1932, es anterior a la CNT: fue creada en 1871, celebró su primer congreso en 1882 y se unió a la federación anarcosindicalista cuando esta fue fundada en 1910. Sin embargo, «no entendemos que la federación recurrente haya acreditado la independencia de la CNT», concluyeron los magistrados, que destacan cómo varios informes de organismos franquistas se refieren a la entidad como «afecta a la CNT».

lunes, 9 de enero de 2017

José Luis García Rúa, libertario «pordiosero social»


«Sin presión social es inútil la participación política». Es la sentencia del histórico de la CNT, fundador de la Academia Obrera de la calle Cura Sama, pesimista en torno al futuro de la nueva política: «Será devorada por las propias reglas del juego».

CRIS S. BARBARROJA

«Durante el estado de excepción de 1970 me llevaron a comisaría y allí estaba Ramos. No llegó a pegarme nunca; lo más que hizo fue ponerme el puño en la cara, sin atreverse a descargar, con lo que yo sentía los pelos de sus nudillos. Pero me dijo: "Es usted un pordiosero social". Me dio mucho que pensar y me dije: "Coño, tiene razón este hombre"». La ironía doliente define bien al libertario, filósofo, filólogo clásico, maestro de la antipedagogía y secretario general de la Confederación Nacional del Trabajo, José Luis García Rúa (Gijón, 1923).

Sabe lo que es la lucha desde crío, cuando la Guerra Civil lo dejó huérfano y le obligó a hacerse cargo de la familia. En alguna ocasión dijo que sólo la muerte le impediría seguir en el combate social y antipolítico. Hoy está en otra pelea, en la cama de un hospital de Granada al que le han llevado —intuye su hijo Héctor— «los palos que le ha dado la vida». Mucho más duros que los del comisario Ramos, seguro. Hace cinco años José Luis perdió a su compañera, su esposa, Gisela. Después se fue su primogénito, el catedrático Emilio José García Wiedemann. La puñalada más profunda fue la de la muerte, diez días después de nacer, de una de sus nietas.

Pero a golpes se hizo el anarquista que, con sólo 13 años, tuvo que contemplar el cadáver de su padre, destacado militante cenetista y uno de los fundadores del POUM, el Partido Obrero de Unificación Marxista, en Asturias. Una bala de la Guardia Civil mató a Emilio José García durante el cerco a Oviedo en 1936. «Le entró por la parte inferior del cuello y le salió por la parte alta de la cabeza» narraba José Luis en las memorias que escribió hace unos años para el diario La Nueva España. «Subí a verlo y rompí a llorar. Un compañero me dijo: "No llores; cuando seas grande ya le vengarás". Quizás la manera de vengarle haya sido la fidelidad a la causa obrera».

Indeleble aquella cicatriz, otro episodio que marcó al chaval durante la contienda tuvo lugar en la escuela del pedagogo anarquista Eleuterio Quintanilla, cuando los fascistas estaban cerca de Gijón. «Nos estaba examinando de francés cuando sonaron las sirenas de la aviación. "El que quiera marchar, puede hacerlo", dijo. Nos quedamos cinco en la clase y él siguió examinando sin inmutarse, como si no estuviera pasando nada. Aquello fue para mí una gran enseñanza: la necesidad de no dejarse invadir por el miedo».

Valiente, como una madre que se negó a embarcar a los niños rumbo a Rusia, escapó a Cataluña con sus dos hermanos a los que alimentaba robando cebollas. Con 15 años, durante la ofensiva franquista, huyó con el mayor a La Provenza donde protagonizó su primera revuelta. «Se comía muy mal. Yo había leído en el periódico L´Aube que el gobierno de Negrín daba a Francia 15 francos diarios por refugiado. Traduje aquella noticia y hubo una revolución. Me esposaron y me llevaron a Barcarés, a un campo de concentración de soldados en una playa inmensa».

Recuerda García Rúa las conversaciones de barracón con destacados socialistas, comunistas, republicanos y, especialmente, con un anarquista al que Franco había fusilado en Gijón; un chaval de las Juventudes Libertarias que sobrevivió a las ametralladoras y a la caída por el acantilado al que arrojaban los cuerpos porque cayó sobre un montón de cadáveres. «Aquellos debates me dieron muchísima luz y quizás fue allí donde comencé a tener alguna tendencia política».

La embolia de su hermana, que le paralizó medio cuerpo, le obligó a volver a España para ayudar a su madre. En Gijón vendió botellas, fue almacenista de estraperlo, construyó tejados, fabricó baldosas, hasta que, «encabronado» con un salario de siete pesetas, decidió volver a estudiar. Hizo el bachillerato mientras sacaba carbón de La Camocha. Quería ser médico, pero las prácticas no le permitían seguir alimentando el hogar. Así que comenzó Filosofía y Letras en Oviedo. Y, con una beca de 500 pesetas, de las que daba 200 a su madre, se doctoró en Filología en la Universidad de Salamanca.

«Allí trato con Zamora Vicente, José María Ramos y Loscertales, Lázaro Carreter o Manuel Alvar. Estoy hasta 1955 en Salamanca, que me cansa. Mi forma de obra abiertamente chocaba con esquemas muy cerrados», cuenta. Emigró a Alemania con un lectorado. Y Alemania, y una mujer, Gisela Wiedemann, cambiaron también la anarquista vida amorosa del libertario que puso una condición para convertirse en esposo de la germana: la de casarse para dedicarse a los demás.


La escuela obrera de la calle Cura Sama

En 1958, la familia García Wiedemann volvió a Gijón «con una mano delante y otra detrás», confesaba José Luis en sus memorias. En el Ateneo Jovellanos, el filólogo comienza a relacionarse con el grupo de teatro 'La Máscara' al que propone crear una escuela obrera. «Estaba convencido de que la clase obrera carecía de medios auténticos de ilustración». Con tres requisitos para el alumnado —que supiera leer y escribir, que tuviera una edad prudente, no menos de 10 años, y que llevara una banqueta— nació, sin sillas, la Academia Obrera de la calle Cura Sama.

«Enseñábamos de todo, siempre con vistas a la vida cotidiana. Mediante el diálogo, no había distancia entre el alumno y el profesor, la enseñanza estaba encaminada a a producir otra mentalidad. Era hacer una casi antipedagogía. Dar a conocer textos científicos, literarios o políticos desde la crítica y desde la propuesta de la opción contraria». La policía enseguida se interesó y a José Luis lo llamaron no en pocas ocasiones de comisaría para animarlo a que lo dejara. Dice que sorteó unos cuantos interrogatorios hasta que intervino Oviedo, el comisario Claudio Ramos, y «la cosa fue mucho más dura».

En ese momento, con la tradición familiar y las cicatrices de la vida, García Rúa vuelve a tener contactos con la CNT clandestina que se acerca también a la academia. «Un día, en Oviedo, Ramos se sentó al lado mío en un café. "No sé quién es usted", le dije, y fue como si le hubiera insultado. Se levantó y gritó: "¡Acompáñeme!"». Salió de comisaría 24 horas después con la prohibición de regresar a Oviedo. En el 65, tras infringir el precepto, fue Ramos quien se acercó a Gijón: «Le voy a cerrar la academia». Y se la cerró.

En 1969 fundó las Comunas Revolucionarias de Acción Socialista (CRAS) de las que se separó cuando un grupo se declaró organización marxista para afiliarse definitivamente a la CNT. García Rúa era un indeseable —«un hombre de dudosa conducta», según su informe policial— que daba tumbos académicos, expulsión tras expulsión, entre Oviedo, la Universidad Laboral de Córdoba, o la Universidad de Jaén. Hasta que, muerto el dictador, le concedieron plaza en la facultad de Filosofía de la Universidad de Granada. «Y allí me jubilaron con 65 años y 65.000 pesetas. Pero me hicieron profesor emérito y lo fui hasta 2003».

Modesto, apenas dedica una línea de sus memorias a sus responsabilidades políticas: secretario regional de CNT Andalucía desde el 77 y máximo responsable del sindicato entre 1988 y 1990, seis años director del periódico CNT, y secretario general de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT) entre 1997 y 2000. Es titánica la tarea de reunir sus artículos, sus ensayos o las conferencias que, hasta hace dos años, todavía impartía en su academia obrera, en la actualidad Aula Popular García Rúa.

A la que volverá pronto, cuando salga del hospital en el que pelea contra su achaque. Como regresará a su piso de la barriada granadina del polígono de la Cartuja, ese en el que se va la luz por culpa de los cultivos de marihuana. Y a la lucha, convencido de que «sin presión social es inútil la participación política». Describe Héctor, su hijo, «la ilusión que le transmitió el 15M» y la desolación que le produjo «la aparición de los grupos que se apropiaron de aquella expresión social». Movimientos que según García Rúa —termina el heredero del libertario, que se despide con un «¡salud!»— «serán devorados por las propias reglas del juego».

26/01/2016

viernes, 6 de enero de 2017

En recuerdo de José Luis García Rúa

 

CNT

Esta mañana recibiamos la triste noticia del fallecimiento del compañero José Luis García Rúa. Esta mañana, en Granada, su corazón se detenía, su aliento se extinguía, Jose Luis García Rúa dejaba este mundo pero sus obras y el recuerdo de su persona permanecerán por mucho tiempo.

José Luis García Rúa fue un militante de la CNT. De los que entregan su vida entera a una causa. Afiliado a la CNT a finales de la década de los 60, en plena clandestinidad. Tras la muerte del dictador Francisco Franco, se volcó en la militancia confederal, destacando como orador y conferenciante. En 1977 fue nombrado secretario de la CNT de Andalucía, cargo que renovará entre 1981 y diciembre de 1983 y, más tarde, en 1992. En 1988 fue elegido secretario general de la CNT, cargo en el que fue reelegido hasta 1992. En 1992 fue nombrado director del periódico CNT. Entre 1997 y 2000 ejerció de secretario general de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT). Colaboró en cuantas publicaciones libertarias acudieron a su pluma, participó en cuantos debates, conferencias, encuentros y mítines le eran propuestos por toda la geografía ibérica. Pero sobre todo se entregó a la militancia diaria, al anónima y constante trabajo permanente del anarcosindicalismo.

Desde el Secretariado Permanene del Comité Confederal queremos recordar a Jose Luis García Rúa y mandamos todo nuestro apoyo a su familia, amistades y compañeros y compañeras más próximos. Queremos recordar al militante abnegado y al gestor desinteresado, a la persona que estuvo a la altura de las exigencias de la Organización en todo momento y, junto con él, a tantos compañeros y compañeras que mantuvieron viva la llama del anarconsindicalismo en los duros tiempos en que los inclementes ataques del capital ponían en un duro brete a la CNT.

Si hoy la CNT es una realidad, si es una organización viva es gracias a compañeros de la grandeza de Jose Luis García Rúa. Si hoy la CNT camina más fuerte y segura en la senda del anarcosindicalismo, en la vía revolucionaria que compañeros ejemplares como Jose Luis García Rúa cimentaron y despejaron, incluso en momentos de dudas y terribles soledades.

El velatorio es en la sala nº 1 del Cementerio de San José de Granada. Mañana, sábado 7 de enero, a las 16:30 horas, será el entierro en las instalaciones de dicho centro.

lunes, 2 de enero de 2017

Sembrar libertad en el desierto


Tierra y Libertad
Nº 341 - Diciembre 2016

Un agitado año, sin lugar a dudas, ha sido el que se ha vivido desde la trinchera antiautoritaria en la bahía de Antofagasta (Chile). A la realización de actividades temáticas por parte de la Sociedad de Resistencia, el Grupo Pampa Negra y el periódico anarquista El Sol Ácrata; a la proliferación de ferias de propaganda libertaria (Agreste Eclosión, Feria Libertaria El Gato Negro y Desértica Libros) e iniciativas de comida vegana (Jëngibre), se ha sumado una gran noticia: la apertura del Espacio Autónomo Social Yareta, que pretende ser un verdadero semillero de ideas y prácticas de libertad en la costa del Desierto de Atacama.

Inaugurado recientemente, el 30 de octubre en una tremenda jornada, este espacio ubicado en la población O'Higgins de Antofagasta, rescata el nombre de la ancestral y resistente vegetación del altiplano, de propiedades medicinales y casi llevada a la desaparición por las ansias extractivistas de la megaminería y la complicidad del gobierno chileno. Cabe destacar que se han encontrado especies de hasta 3.000 años, cuya dureza y enorme capacidad de resistir al clima adverso sólo es posible de sortear con picota en mano.


En sintonía con estas características, el Yareta pretende generar dinámicas de resistencia a la explotación, dominación y saqueo en este territorio, para lo cual orienta su actividad en base a cuatro principios: Autogestión, Autonomía, Apoyo Mutuo y Horizontalidad. Entre las iniciativas que alberga destaca la biblioteca La Camanchaka, cuya apertura ha sido gratamente recibida por vecinos y afines que se han acercado a solidarizar, ya sea donando libros, inscribiéndose como socios o pidiendo materiales prestados. Otra instancia que ha comenzado recientemente en este espacio autónomo social, es el ciclo de cine «Por la Liberación de la Tierra», que a lo largo de noviembre y parte de diciembre tratará, mediante material audiovisual y debates colectivos, la problemática del saqueo extractivista, el modelo neoliberal y su devastación en la región chilena. También se ha conformado un grupo de estudio y preparación para la estandarizada PSU, que está tomando buenos rumbos. Instancias a las que se sumarán, dentro de poco, una serie de talleres prácticos para colectivizar conocimientos y promover la autonomía. Sin duda, se organizarán muchísimas más actividades —como las Sesiones Ácratas, convocadas por el Grupo Pampa Negra para fin de mes— que esperamos permitan seguir potenciando este espacio de creatividad, experimentación y puesta en práctica de nuestras ideas de autonomía y emancipación.

A seguir sembrando libertad en pleno desierto, en la costa, la pampa y el altiplano.

VIENTO NORTE

jueves, 22 de diciembre de 2016

Los ecologistas desmontan 7 mitos del sector de la caza en España


Ecologistas en Acción publica un extenso informe para desarticular algunos de los argumentos del sector y las actividades de caza que, según las estadísticas oficiales, mata alrededor de 25 millones de animales cada año en nuestro país.

PÚBLICO
14/12/2016

La Oficina Nacional de la Caza, la entidad que aglutina al 80% de los cazadores federados en España, reza en su lema: «Somos parte de la naturaleza». Se define a sí misma como «conservacionista», «comprometida con el medio ambiente», «defensores de la naturaleza, la vida silvestre y los hábitats» y entre sus misiones destaca la de «defender la caza como la actividad más ética y sostenible en la gestión de los espacios naturales».

Otro tanto ocurre con otras asociaciones del sector cinegético, como Aproca, en Castilla La-Mancha: «El objetivo de Aproca es la defensa de una utilización racional y sostenida del medio natural y forestal, de manera que todas las actividades de la Asociación se desarrollarán dentro del más absoluto respeto al medioambiente, conservación de la naturaleza, conservación y equilibrio entre flora y fauna doméstica y silvestre y protección de las especies en peligro de extinción, así como las autóctonas», señalan en su propia página web.

Por mensajes como estos, en los que se vincula la actividad a una labor naturista, la organización Ecologistas en Acción ha publicado un extenso informe en el que trata de desmontar científicamente algunos de los argumentos del sector y los mitos entorno a las actividades de caza que, según las estadísticas oficiales, mata alrededor de 25 millones de animales cada año en nuestro país.

«Si bien es verdad que la caza en España la practica cada año un menor número de personas, el sector en su conjunto se ha ido fortaleciendo como lobby social y económico, reaccionando así a la creciente concienciación medioambiental del conjunto de la sociedad», señala el informe, elaborado por el biólogo Roberto Oliveros a partir de una compilación de estudios y documentos técnicos y científicos.

Los ecologistas han resumido los resultados de su investigación en «7 verdades sobre el impacto de la caza en España»:

1. Consiste en matar animales por diversión o por negocio

La caza se sustenta básicamente por dos actividades: una deportiva o de competición y otra comercial basada en el turismo y las granjas cinegéticas. Aunque no existen datos oficiales completos y fiables sobre el volumen de dinero que genera —advierte Ecologistas— la Fundación FAES, vinculada al PP, cifró los beneficios en 2007 en más de 2.750 millones de euros. El expresidente de la Federación Española de Caza, Andrés Gutiérrez Lara, señalaba en 2004 que además de ese dinero la caza movía otros 6.000 millones más en dinero negro, sin facturas.

Los ecologistas destacan además que el sector está conformado por un reducido número de personas (330.000 federados y 848.243 licencias en 2013), por lo general adineradas, como grandes propietarios de fincas, banqueros, empresarios, aristócratas, políticos y miembros de la judicatura y de las fuerzas de seguridad. «Su labor en los últimos años ha destacado por los ataques a las normativas de protección de la naturaleza y de protección animal a escala europea y estatal y por una ausencia total de autocrítica de las malas prácticas», aseguran.

2. No es compatible con la conservación de la biodiversidad

Sólo derivada de la caza directa mueren cada año unos 25 millones de animales en España. A eso hay que sumar la pérdida de biodiversidad por los efectos indirectos: caza furtiva, sueltas, introducción de especies invasoras o exóticas, vallados y otras infraestructuras. Los ecologistas destacan que, a consecuencia de la caza, otras especies emblemáticas y protegidas, como el oso pardo, el lince ibérico o el lobo, se ven también afectadas de muerte. Además, las sanciones y sentencias por el uso de venenos en cotos de caza se han ido incrementando cada año. Tampoco en los espacios naturales más protegidos, como los parques nacionales, se ha prohibido esta actividad, que goza de una moratoria hasta 2020 para seguir activa en estos lugares.

3. Convierte los cotos en granjas intensivas y en campos de tiro

La caza se ejerce cada vez más sobre animales criados en granjas y liberados en los cotos para su captura inmediata, como el 1.350.000 ejemplares de perdiz roja que se soltaron en los cotos intensivos en 2013. Ecologistas en Acción señala que esto provoca «graves desequilibrios en los ecosistemas desplazando y dañando a las poblaciones autóctonas» y la «propagación de especies exóticas y/o invasoras como el arruí, el muflón o la codorniz japonesa».

4. No sirve para gestionar la fauna ni para controlar sobrepoblaciones

Ecologistas en Acción argumenta que es precisamente el ejercicio de la caza lo que muchas veces provoca sobrepoblación excesiva de algunas especies, debido a las sueltas o a la alimentación suplementaria. También por los esfuerzos en cazar machos, que son los que mayores trofeos reportan, generando una «descompensación»en las especies. Una reciente sentencia del Tribunal Supremo consideró además que la caza y la pesca «lejos de servir a los fines de erradicación de especies exóticas o invasoras, determinan su mantenimiento indefinido, cuando no la agravación».

5. Limita los derechos de la mayoría de ciudadanos

Las actividades de caza acumulan denuncias por el corte de caminos públicos, cauces o vías pecuarias, permitir que la caza sea aprovechamiento preferente en montes públicos y espacios protegidos o al intento de sancionar posibles molestias involuntarias a las especies de caza, como la actual ley de caza de Castilla-La Mancha. El informe asegura que un promedio 28 personas mueren cada año por el empleo de armas de fuego en la caza, y no exclusivamente cazadores.

6. No favorece el desarrollo rural

El 80% del territorio de España forma parte de algún coto de caza con actividad durante la mayor parte del año. Un estudio de 2014 sobre los monten andaluces concluyó que las actividades de autoconsumo ambiental, uso recreativo y conservación de la biodiversidad amenazada son más rentables que la caza en términos económicos. «La caza no solo no estaría favoreciendo el desarrollo del medio rural, sino que estaría limitando las posibilidades futuras de desarrollo de los entornos más deprimidos económicamente», señala el informe.

7. No sólo mata, también maltrata

Se estima que al finalizar la temporada de caza, cerca de 50.000 galgos son abandonados en España cada año. Otros son ahorcados o arrojados a pozos, como sucedió con cien perros en la localidad toledana de Villatobas en 2009. Los ecologistas destacan que tampoco las especies cinegéticas escapan a la tortura, como los zorros cazados por perros de madriguera, los jabalís con lanza, el tiro al pichón, etc.

«Especialmente llamativo resulta que en la mayor parte de las normativas cinegéticas se considere a los perros y gatos abandonados objeto de captura por parte de cazadores mediante disparo o trampas, sin que se les aplique la ley de protección animal. Esta medida lleva a la muerte a miles de animales domésticos sin apenas control por parte de las administraciones», señala el informe.

martes, 13 de diciembre de 2016

Santiago Alba Rico se lamenta de la expulsión de los terroristas de Alepo

LaRepublica.es
7 diciembre 2016

Uno de los fundadores de Podemos y habitual columnista de la izquierda trotskista española, Santiago Alba Rico, ha vuelto a posicionarse públicamente del lado del imperialismo en Siria, como ya hiciera en anteriores ocasiones.

En el día de hoy se conocía la noticia, de que el Ejército Árabe Sirio, con la ayuda de Rusia, tomaba gran parte de la zona este de Alepo, expulsando a los terroristas del Estado Islámico y sus diferentes facciones de su feudo sirio, y evacuando a los civiles que han vivido bajo el yugo de este grupo terrorista durante meses.

Sin embargo, Alba Rico ha lamentado en la red social Twitter este acontecimiento: «En el hueco que dejó al huir nuestra conciencia cabe holgadamente Alepo. Qué digo: el agujero es tan grande que cabe toda Siria» ha asegurado Rico.

No es la primera vez que el «filósofo» de Podemos se posiciona políticamente del mismo modo. Recordemos que sobre la invasión a Libia llegó a asegurar: «La intervención de la OTAN en Libia salvó vidas», «No es la OTAN quien está bombardeando a los libios sino Gadafi», o «No creo, sinceramente, que la OTAN vaya a invadir Libia»; justo dos semanas después de estas palabras, la OTAN ya estaba bombardeando Libia.

Sobre el golpe de estado neonazi en Kiev, Rico afirmaba: «En Ucrania no ha habido un golpe de estado ultraderechista; hubo una rebelión, un movimiento muy amplio y espontáneo de los ciudadanos indignados», y calificó a los grupos de extrema derecha que asaltaron las instituciones y expulsaron a Yakunovich como «heroicos».

En un artículo publicado en Rebelion.org, titulado «Podemos en Ucrania», publicado el cuatro de marzo de 2014, llegó a afirmar que «EEUU nunca ha intervenido tan poco, lleva diez años sin intervenir militarmente en ningún sitio».

Tampoco pasaron desapercibidas sus críticas hacia el Eurodiputado de Izquierda Unida Javier Couso: «Que Couso se reúna con el asesino gobierno sirio me parece tan repugnante como si se hubiese reunido con los asesinos de su hermano» aseguró. Estas palabras no estuvieron ausentes de crítica y fueron calificadas como «repugnantes» por el actor Willy Toledo. «¿Puede haber un sinvergüenza mayor que Santiago Alba Rico?» dijo el Secretario General del PCPV Javier Parra; e incluso el propio ex Secretario General del PCE Paco Frutos, afirmó sobre Alba Rico que «está cada vez más claro que Santiago Alba Rico es ayudante de la CIA, dentro de unos años sabremos porqué y por cuánto, de momento sigue con su tarea de enfangar y destruir la conciencia de la izquierda».

https://twitter.com/ELAULLIDO1/status/808250824426135552?lang=es

martes, 6 de diciembre de 2016

Necesitamos buenas alforjas para el desafío de conformar un fuerte sindicalismo revolucionario


Por JULIO F.
(CNT Gráficas – Madrid)

Me agrada profundamente que se dé en estos tiempos un debate sobre el papel del sindicalismo como elemento de transformación social. Y está muy bien desearlo en estos momento cuando existe un cierto ambiente entre la izquierda que menosprecia su capacidad como elemento imprescindible y que lo relega a algo que ya le ha pasado su tiempo. Algunos resabios de esto me hicieron pensar la frase de Pepe Gutiérrez-Álvarez que dice que el sindicalismo revolucionario vendrá del ejemplo de las Mareas o de luchas concretas que convergerán en plataformas donde el sindicato estará en segundo plano. Considero que la reflexión para que esos deseos de grandes sindicatos potentes y amplios, capaces de arrancar mejoras y estar listos para controlar la economía de un país, debe pasar por analizar qué está pasando actualmente con ciertas cuestiones que en su tiempo posibilitaron su desarrollo y lo pueden volver hacer: cultura de lucha y de clase, militancia y ética, estrategia e inteligencia colectiva, economía de fuerzas y amplitud de miras.


Bases

«La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos». Esta frase concentra el pensamiento que debe regir las bases de un sindicalismo revolucionario. Somos muy buenos en pensar cómo será la futura sociedad pero nefastos en ver las cosas que puedan formar los ritmos sociales con los que podamos estructurar una comunidad solidaria y revolucionaria.

Y el ejemplo lo tenemos reciente. ¿Cómo ha podido generar la PAH y grupos de vivienda esa cultura de lucha y ese imaginario social, con sus limitaciones, favorable en amplias capas de la sociedad que responda a unos parámetros de justicia, lucha y solidaridad? Mi respuesta no puede ser otra que cuando responde a problemas comunes, concretos y ha generado una dinámica que pasa del activismo a la militancia. En otras palabras, cuando luchar contra injusticias tuyas o ajenas forma parte de tu vida cotidiana tanto igual que ir a comprar la barra del pan, ir a tapear con tus amigos o hacer una parrillada con familiares y amistades junto a compañeros del sindicato, por poner algunos ejemplos.

Es cierto que sufrimos un constante ataque mediático para desclasarnos o perder los símbolos con los que en otros tiempo formábamos nuestra identidad como clase y como comunidad que se arropaba cuando alguien tenía un problema o se quería mejorar el barrio o las condiciones laborales. Pero precisamente por ello debemos reencontrarlos en el presente y con sus nuevas formas o palabras. Emanciparse como clase, como trabajador y trabajadora es una idea de base que conforma unas formas de actuar y hacer, pues ha de trabajarse en colectivo, tener iniciativa, aprender, participar y no querer doblegarse para en un momento dado regir sin jefes el destino de la economía y la sociedad.

Compromiso y participación

Hay una cierta lógica instalada en los mundos de la izquierda y el del anarquismo en particular, que es el que más conozco, donde pareciera que la lucha es una cuestión binominal, o se es consumista y pasota o alguien ultramilitante o supercomprometido. No existen ahí grados ni grises y considero esto un grave error que no nos permite avanzar ni evaluar en qué estamos errando con más propiedad.

Esta voluntad de participación, con distintos porcentajes, no sólo para la toma de decisiones sino en las acciones, coordinación, preparación táctica o estratégica de campañas o luchas ha de tratarse de modo inclusivo y propositivo. Y esto encaja perfectamente en parámetros democráticos y de trabajo en red, pues un sindicato no deja de ser una organizada red de solidaridad y apoyo mutuo. Siempre habrá quien participa más y quien lo hace menos y precisamente por eso hay que tener claro los mecanismos o formas para que quienes están más en todo tengan herramientas para ser más inclusivos y repartan tareas o puedan hacer que participen en pequeñas cosas a quienes no lo están tanto. Eso hace cohesión y sentido de utilidad, que las cosas sirven y uno se siente parte de ello y, por lo tanto, acaba identificándose como parte del grupo y del sindicato.

Para favorecer pues esta participación es muy importante la planificación a largo plazo, a medio y corto. Si eliges el trabajo y desarrollas unas pautas importantes generales de guía vas a eliminar tiempo improductivo y asambleas innecesarias que se pueden destinar a grupos de trabajo que desarrollan y hacen, hacen y hacen. Y ahí es donde es sencillo ir introduciendo a compañeros menos participativos o que no forman parte de los veteranos que llevan las partes más pesadas o de responsabilidad interna de un sindicato. Además también hay que tener en cuenta que hacer acción sindical en tu empresa, incluso de forma planificada, ya consume un tiempo y energía considerable de militancia. Si además añadimos cuestiones barriales definitivamente la planificación y la seriedad con lo que hacemos es una obligación. La eficiencia democrática de la organización es pues una cuestión de asambleas, reuniones y comités, de tener claro un tiempo regular de toma de acuerdos generales y de los miles acuerdos de gestión para desarrollarlos. Tener pocas asambleas y muchas reuniones es algo que se va dar natural con una masificación del sindicato.

Otro punto reside en la formación: si no contamos con cuadros militantes y gente preparada para saber los mecanismos que tenemos para defendernos y como trabajar en cada sector económico no vamos a conseguir ser una referencia para los demás trabajadores. Y sin esto no hay revolución posible. Además, deben de poder a su vez formar a más gente de tal forma que todos puedan llegar a ese mismo conocimiento, hablando de cuestiones básicas o algo complejas pero que no llegan al conocimiento que muchas veces pueda tener alguien especializado en algún área como abogados y economistas, por ejemplo.

También debemos afrontar que existen de facto liderazgos informales, personas que son más carismáticas o tienen un cierto don para ser influyentes entre los grupos de trabajadores. Traernos este perfil y que enfoque sus habilidades de forma colectiva reforzará nuestras ideas e influencia sindical en sectores y empresas. Estos compañeros tienen un rol importante de animadores e incluso dinamizadores de procesos internos de los sindicatos o colectivos de trabajadores.

Alianzas y estrategias

Una obviedad es que no contamos con la masividad ni profundidad organizativa como en los años 30 y precisamente porque el momento actual es nuestro, con sus peculiaridades, hay que tener amplitud de miras y saber aglutinar sectores que luchan. Tender a la unidad para ganar conflictos laborales y sociales es una necesidad de nuestra clase porque nos hace fuertes frente a los deseos de empresarios, banqueros y gobiernos de turno. Además nos posibilita imaginar construyendo un futuro emancipador.

Hablo de alianzas porque la fragmentación sindical en nuestro país es un hecho y porque el sindicalismo revolucionario no es hegemónico a nivel social. Por tanto se ha de buscar formas con las que trabajar con otros para conseguir objetivos que deseamos en diferentes tiempos. A nivel de empresa, a nivel de convenios colectivos, en áreas que tienen que ver con sectores públicos, en cuestiones de vivienda, etc...

Esa idea general que nos trasmitió las «Marchas de la Dignidad» de la confluencia y objetivos comunes debe dar otro paso más, conformar planes de trabajo (constructivos y concretos) más allá de las manifestaciones, ya que éstas son demostraciones de fuerza y apoyo, puntuales, de unas series de exigencias o ideas y no son parte de un trabajo diario. Para ello hay que poner sobre la mesa nuestras plataformas reivindicativas y llegar a consensos que formen un bloque frente a empresarios y gobiernos de turno. Lo considero, como mínimo, un paso necesario para revitalizar el sentido cultural de pertenencia a una misma clase popular que se organiza y apoya. Y esto es lo más cercano a la realidad actual que la creación de «Un Gran Sindicato» propuesto por J. L. Carretero.


Creando músculo

Si tenemos la idea de un sindicalismo que pueda transformar la sociedad a gran escala también debemos pensar en herramientas y redes que en conjunto posibiliten esta misma. Es por eso que comparto con compañeros como Lluís Rodríguez la necesidad de construir cajas de resistencia en los sindicatos y no creo necesario aportar más datos que los que ha enumerado él en su artículo. Tenerlas favorece que colectivos de trabajadores tengan la capacidad de afrontar un duro conflicto como es una huelga sostenida en el tiempo de forma más eficiente, además combate el miedo a verse sin el sostén económico para mantenerse a sí mismo o su familia. Sin olvidar por ello que el punto central es la iniciativa y voluntad popular para querer revertir o mejorar situaciones de injusticia o condiciones de trabajo en las empresas, es pues que la caja de resistencia usada con inteligencia favorece una cultura de avance, solidaridad y lucha, además que posibilita aglutinar mayores sectores y grupos de trabajadores por medio del ejemplo práctico.

Relacionado con lo anterior y en marco de una vuelta a ganar más poder sindical y control en la contratación de personal en las empresas, las bolsas de empleo son un elemento de exigencia en el pulso de las negociaciones colectivas sectoriales o de empresa a empresa. Con esta estrategia el sindicalismo puede volver a recuperar la confianza y simpatía de amplias capas de trabajadores que están desempleados o son temporales endémicos.

El cooperativismo obrero y de izquierdas en nuestro país ha ido haciendo buenos progresos desde una de las entidades de más referencia como es Coop57, representan una manera de aglutinar a los trabajadores para controlar parcelas de la economía dentro del marco capitalista desde un enfoque socialista. El sindicalismo revolucionario que también apuesta por fomentar las cooperativas debería ser consciente y habilitar puentes de entendimiento con ellas. Teniendo en cuenta una perspectiva de dar cobertura a las necesidades básicas y fomentar que la circulación monetaria sea acumulada preferiblemente por nuestra clase que por las multinacionales, recuperar entidades como los economatos dentro de los sindicatos es un cimiento más que necesario para volver a una cultura colectiva que entrelaza las organizaciones sindicales con otros aspectos no estrictamente laborales y preocupaciones que más se han acentuado con la llamada crisis y las políticas gubernamentales de precarización de las clase popular.

Centrar el esfuerzo

Siendo sinceros con nosotros mismos, no contamos hoy con grandes recursos económicos y multitudes de brazos para emprender todos y cada uno de los proyectos que deseamos, o para intervenir en todas y cada una de las luchas que son transversales, injustas o ponen en riesgo las condiciones de vida de nuestra clase social trabajadora (con o sin empleo).

Aunque estoy de acuerdo con Ruymán Rodríguez en darle la importancia que tienen las luchas de vivienda o aquellas que se salen de la relación laboral, no estoy de acuerdo en que el foco prioritario de los esfuerzos se salga del campo económico de las empresas. Nos enumera una serie de ejemplos históricos donde el anarcosindicalismo de los años 30 intervino con huelgas de alquileres, mutuas obreras o red de escuelas y ateneos. Pero, en el relato no evidencia que eso se pudo dar por los miles de afiliados con sus cuotas y la dinámica que ejercía su poder sindical en el entramado empresarial que se reflejaba a su vez en las comunidades obreras de los barrios. Si hoy en día muchos de los trabajadores no cuentan con sindicato alguno en su trabajo o por otro lado donde si los hay siguen o se conforman con sindicatos como CCOO o UGT no es porque «han sido fabricados a conciencia por el Sistema» sino porque no existe en sus centros de trabajo un cambio, una alternativa o unos sindicatos que representen un relato diferente en lo cotidiano y sean útiles para defenderse o ganar mejoras laborales y sociales; por lo tanto abandonarlo porque los sindicatos que quieren ser ese cambio no lo están haciendo bien no es una solución, sino el intentarlo de otras formas más eficientes con el ejemplo de otros sindicatos de otras localidades.

Quienes estamos en procesos de crecimiento e implantación de sindicatos, constatamos que hay una carga de trabajo para desarrollar tareas prácticas de acción sindical y formativas de la afiliación que consumen la capacidad de hacer más allá de los objetivos que se han acordado realizar, sin embargo, esto no elude que también tengamos fuerza, si bien no para impulsar, si para solidarizarnos o aportar recursos de infraestructura, logística, difusión y económicos para distintas luchas que compartimos. Si el sindicato aumenta en implantación sectorial y territorial lo hará también su capacidad de intervención en otros campos y entrará en contacto más seguido con nuevas realidades que ya están en marcha por fuera de esta, como son las redes de cooperativas, asociaciones barriales, colectivos de vivienda, etc…


No quiero acabar sin mencionar que estamos asistiendo en la actualidad a un aumento de la capacidad de asumir luchas sindicales [y sociales] por parte de grandes colectivos de trabajadores y de conseguir victorias desde el anarcosindicalismo de forma eficaz, lo que da muestra de una maduración de nuevas generaciones formadas y con experiencia que pueden asumir el desafío de conformar un sindicalismo revolucionario numeroso en el que todos sumamos y avanzamos, creámonoslo.

29/11/2016